De Santa María de Guía a Wall Street.

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El fenómeno de la emigración marcó una época en la Historia de España que modificaría su curso para siempre. En Canarias, especialmente en la era contemporánea –siglos XIX y primeras décadas del XX, esto cobró una dimensión especial tanto por el peso de la población que se movilizó como por el vínculo tan fuerte a nivel personal que se entabló entre “isleños” -como se llamaba a los canarios, diferenciados del resto de España- y antillanos. Una realidad, hoy compartida por toda una generación de canarios que cruzaron el Atlántico en busca de una vida mejor; una memoria colectiva que no es ajena para la mayoría de las familias canarias actuales.

José Antonio Galbán Pagán, el auténtico fundador de este “imperio” fue un guiense que embarcó a mediados del XIX rumbo a las Américas, como tantos compatriotas canarios en un intento de dar un giro a sus vidas, frente a los escasos recursos en su isla de origen. Los negocios, modestos al principio, prosperaron y crecieron exponencialmente hasta lograr amasar auténticas fortunas, que les llevaron a convertirse –a él y los suyos- en grandísimos empresarios e, inmediatamente, en “ricos nuevos”. Luis Suárez Galbán, sobrino del primero, fue una figura clave para el “clan” y el más ilustre en la posteridad, gracias a sus reconocidos méritos empresariales desde sus destacados negocios iniciales en Nueva York hasta la consolidación de una entidad gestora de las arcas cubanas y sus aportaciones como benefactor de su pueblo natal.

Los protagonistas de nuestra historia hicieron patrimonio en las Américas, lo cual supondría un significativo cambio para sus vidas y para toda su familia. Este es el relato prototípico de la “historia de un indiano”; un episodio de la historia hoy incluso introducido en nuestras fiestas populares como antecedente identitario. Esta oleada migratoria dio lugar a un prolífico intercambio cultural que nos explica, en buena medida, el perfil característico de la sociedad isleña y sus costumbres.

Estamos en la Belle Epoque, en la que comúnmente se sitúa el momento de “iniciación” de un inminente turismo de masas que ya arrancaba del siglo XIX, y que nace como fruto del desarrollo de la industria y el comercio. Los dueños de lo que consideramos este tesoro documental fueron Federico Galván Ramírez y su mujer, Eloína Hernández Ramírez. Éste y su hermano Eugenio –ambos hijos del fundador original, José Antonio Galván Pagán- tenían destacadas posiciones en la empresa, desde Cuba y también en sus oficinas de Wall Street.

Su nivel de bienestar les que permitió, en definitiva, vivir “a todo tren”, disfrutando de los mejores resorts, donde podían practicar otras aficiones de lujo como el tenis, la equitación, el golf, el polo…- o la propia fotografía. Estos viejos álbumes de fotos salen hoy a la luz al rescate de la memoria de estos, hijos del fundador de un imperio empresarial forjado por grancanarios, en forma de relato gráfico, u pletórico de una valiosísima información. En ellos, conoceremos buena parte de todo su periplo, como viajeros del placer tras conocer el éxito, por los lugares emblemáticos de la costa atlántica americana; del bajo Manhattan; en resorts deportivos y también en los sitios más exclusivos de Cuba en su época dorada.

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