Primeras Meninas de Velázquez.

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Las Meninas que hoy están en Kingston Lacy, son de la mano de Veláz­quez, y son las primeras.

Su autoría ha sido discutida por la crítica a lo largo de los siglos. Esti­ma­da y documentada como original de Velázquez en el XVII y XVIII, por su cali­dad, documentación histórica y por el criterio de altas perso­nalidades de la pintura y profesores de esta Real Academia, incluido Francisco de Goya, al llegar a los siglos XIX y XX se produjo un giro, aun no bien explicado, y la crítica la atribuyó a Martínez del Mazo.

El Profesor Matías Díaz Díaz Padrón durante la presentación de las Primeras Meninas de Velázquez en la Academia de BBAA de San Fernando, Madrid.

La condición de boceto le fue negada y se consideró “copia reducida del original del Alcázar”, hoy en el Museo del Prado. Se ve en esta pieza la naturaleza típica de un boceto cuando lo he tenido frente a frente, igual que lo tuvieron en el siglo XVIII nada menos que Goya y sus prestigiosos colegas de esta Real Academia. Ellos sabían más, y lo tuvieron más cerca y con más tiempo del que nosotros disponemos. Supongo que nadie dudará que Goya supiera distinguir un boceto de una obra definitiva.

Se trata de un boceto y así lo explica la cuadrícula y el diseño sumario. Aunque el término más adecuado sería el de modeletto: fase última para el reconocimiento del cliente y dar paso a la obra definitiva. La propuesta de atribuir esta pintura a Martínez del Mazo la reforzó la profesora Enriqueta Harris hace pocos años.

Cotejar una y otra pintura es el recurso más valioso para precisar la autoría, junto a la documentación y análisis técnico cuando sea preciso. Es la confrontación de estos detalles lo que nos lleva a la esencia de la pintura. Esto habla por sí solo del virtuosismo del trazo, de la luz y de la perspectiva. Un modeletto es propio de un pintor responsable.

Técnicamente, no existen diferencias sustanciales de estilo entre el modeletto y el lienzo del Museo del Prado: ni en la factura, ni en la formulación corpórea del volumen. Mazo trata sus obras con toques de pincel más frontal y, aunque fiel al maestro, le falta la pre­cisión de sus pinceladas, el frescor y la espontaneidad que veo en el modeletto.

La ejecución de las Primeras Meninas es transparente, con lo que no se necesitan apoyos físico-químicos que puedan aportar nada más. Está visible la imprimación, igual que en el lienzo definitivo. Es lo habitual en Velázquez. El dibujo subyacente se funde con la cuadrícula, y encima se cruzan bellas pinceladas de luz y color. Toques vibrantes que nada tienen que ver con un acomodaticio seguimiento de copia a partir de la obra acabada.

No es fácil pasar indiferente ante el frescor que transmite este boceto. Goya reconoció con admiración la impronta de sus pinceles: “…más [vivos] –dice literalmente- que en Las Meninas de palacio”.

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